23 de maio de 2009

Necesito...

Necesito organizar mis pensamientos.
Hay tantas cosas sucediendo al mismo tiempo, que a veces es difícil no perderse en medio de una nube gigante de preocupaciones y problemas a resolver. Pero la pregunta que más suena en mi cabecita en estos días es: de donde fue que saqué esa ridícula idea de que no iba a sentirme extranjera, viviendo en el extranjero?! Siendo hija de una española que se siente argentina, habiendo deseado toda la vida viajar por el mundo entero (cosa que aún no pude hacer por falta de recursos, pero que ya haré), y estando locamente enamorada de un maravilloso brasilero que se enamoró de Buenos Aires el día en que fue a mi reencuentro (pues fue Curitiba la mágica ciudad que nos brindó este inmenso amor), yo, inocentemente, me creí más allá de las fronteras y de las diferencias culturales. Por tanto, las diferencias culturales están haciéndome bailar al ritmo descompasado de mi torpeza. Imagino que Porto Alegre debe estar llena de extranjeros. No digo turistas, porque ellos están apenas aprovechando las ventajas de venir de un otro mundito lindo y conocido, apenas para enriquecerse con las novedades y rejuvenecer el alma con el encanto de lo desconocido. No. Digo los extranjeros llegados desde diferentes ciudades y culturas, que por sabe cada cual qué motivos, se sometieron (en el mejor de los casos por voluntad propia) a esta enriquecedora experiencia de vivir en el exterior. La expresión de por sí sola ya es para asustar: vivir en el EXTERIOR. Como si fuéramos a vivir en la galaxia, fuera del mundo que conocemos como planeta Tierra. Y sí, la sensación llega a ser esa.
Bien en el fondo, yo realmente creo que el hogar está donde reside mi amor. Que la sensación de hogar viene de dentro de cada persona y no de factores externos. Por lo tanto, el hogar de cada uno debe ir donde sea que la persona vaya. Pero… Que difícil elegir. Que difícil fixarse. Me resisto. No quiero fixárme en una ciudad, a pesar de que mi amor por la maravillosa Buenos Aires ya esté olvidándose de todo cuanto no soporto de ella. Es decir, ya hacía mucho tiempo que no aguantaba más vivir en Baires, y creo que después de treinta años eso es entendible, no? La contaminación, el ruido de los colectivos, la inmensa cantidad de personas que recorren sus calles (ah, esas lindas calles…) incesantemente, la falta de amabilidad con la que se relacionan las personas y la sensación de que nada cambia nunca y de que, sin embargo, todo está en constante renovación. La falta de espacios verdes y de cielos donde descansar los ojos. La pobreza y la violencia, que nos son nuevas, al menos en esa magnitud, a los antiguos habitantes de esa ciudad. Todo eso aún está ahí, y aún me desagrada fervorosamente, pero vean nada más: Buenos Aires es un caos, llega a ser un horror cuando se tiene el derecho de verla desnuda, desde dentro de ella misma, y sin embargo ella es dueña de una delicia, de un encanto, que una vez conquistado, ningún corazón consigue librarse de su hechizo. Dicen por ahí que nunca nadie se va de Buenos Aires. Y yo creo realmente que es así. No es posible escaparse de amor tan perfecto. Y yo, que soy una hija fiel de esa mágica ciudad, me reconforto reflexionando sobre ella y yo, yo y ella. Las dos insoportables, caóticas, caprichosas, e innegablemente adorables.

Preciso...

Preciso organizar meus pensamentos.
Tem tantas coisas acontecendo ao mesmo tempo, que as vezes fica difícil não se perder no meio de uma nuvem gigante de preocupações e questões a resolver. Mas a pergunta que mais soa na minha cabecinha nestes dias é: da onde foi que eu vim tirar essa ridícula idéia de que eu não ia me sentir estrangeira, morando no estrangeiro?! Sendo filha de uma espanhola que se sente argentina, tendo desejado a vida toda viajar pelo mundo inteiro (coisa que ainda não consegui fazer por falta de recursos, mas já farei), e estando loucamente apaixonada por um maravilhoso brasileiro que se apaixonou por Buenos Aires no dia em que foi ao meu reencontro (pois foi Curitiba a mágica cidade que nos presenteou com este imenso amor), eu, inocentemente, achei-me além das fronteiras e as diferenças culturais. Pois bem, as diferenças culturais estão me fazendo dançar ao ritmo descompassado da minha tolice. Eu fico pensando que Porto Alegre deve estar cheia de estrangeiros. Não digo turistas, porque esses estão só aproveitando das vantagens de vir de um outro mundinho lindo e conhecido, apenas para enriquecer-se de novidades e rejuvenescer a alma com o encanto do desconhecido. Não. Eu digo os estrangeiros, vindos de diferentes cidades e culturas, que por sabe cada quem que razões, submeteram-se (no melhor dos casos por vontade própria) a essa enriquecedora experiência de viver no exterior. Já a expressão sozinha é pra dar medo: viver no EXTERIOR. Como se a gente fosse viver na galáxia, fora do mundo que conhecemos como planeta Terra. Pois bem, a sensação chega até a ser essa sim.
No fundo, no fundo, eu acredito mesmo que o lar fica onde mora o meu amor. Que a sensação de lar vem de dentro de cada pessoa e não de fatores externos. Por tanto, o lar de cada quem tem que ir junto onde seja que essa pessoa for. Mas... Que difícil escolher. Que difícil se fixar. Eu me recuso. Não quero me fixar numa cidade, embora o meu amor pela maravilhosa Buenos Aires já esteja esquecendo todo quanto eu não suporto dela. Quer dizer, eu já fazia tempo que não agüentava mais morar em Baires, e acho que depois de trinta anos isso é bastante compreensível, não é? A poluição, o barulho dos ônibus, a imensa quantidade de pessoas que percorrem as suas ruas (ah, essas belas ruas...) incessantemente, a falta de amabilidade com a que se relacionam as pessoas e a sensação de que nada muda nunca e de que sem embargo todo está em constante renovação. A falta de espaços verdes e de céus onde descansar os olhos. A pobreza e a violência, que nos são novas, ao menos nessa magnitude, aos antigos habitantes dessa cidade. Tudo isto ainda está aí, e eu ainda desgosto fervorosamente de todo aquilo, mas vejam só: Buenos Aires é um caos, chega a ser um horror quando se tem direito a vê-la nua, desde dentro dela mesma, mas no entanto ela é dona de uma delícia, de um encanto, que uma vez conquistado, o coração de ninguém consegue se livrar desse feitiço. Dizem por aí que nunca ninguém vai-se embora de Buenos Aires. E eu acredito que é mesmo assim. Não é possível fugir de tão perfeito amor. E eu, que sou uma filha fiel daquela mágica cidade, me reconforto refletindo sobre ela e eu, eu e ela. As duas insuportáveis, caóticas, caprichosas, mas inegavelmente adoráveis.

Lluvia.

Ya pasaron ocho meses desde mi cumpleaños. Eso quiere decir que en cuatro meses voy a cumplir 31. Cómo puede ser que eso sea cierto?!
Afuera está lloviendo y aún es temprano por la mañana. Hay muchos pájaros cantando, y los gatitos que viven acá al lado se escondieron donde pudieron. El árbol que veo desde el balcón aún está verde y cada día más lindo, a pesar de que estamos en otoño. Estoy esperando que pase la lluvia para salir a caminar por esas calles que todavía me resultan relativamente nuevas, pero que ya comienzo a sentir un poco mías. Pero que es lo que hay allá afuera? Tantas personas en la calle y ni un rostro conocido. Tantas conversaciones sucediéndose al mismo tiempo y yo sin conseguir comprender ni una de ellas por estar superpuestas. Tantos lugares por donde ya pasé y que así y todo me sorprenden como una novedad cotidiana, dejándome a merced de esta ciudad, como se ella supiera arreglárselas mejor que yo en este mundo bizarro. Cómo fue que vine a parar acá? Es decir... sé muy bien como fue que vine a Porto Alegre. Creo que también sé las razones que me trajeron. Los deseos y los sueños. Y El amor.
Pero a pesar de eso a veces me despierto y pienso que me encuentro lejos de mi ciudad, de las personas que conozco, del idioma que me resulta más natural, de las costumbres que no me molestan al punto de ni siquiera tener que refeccionar sobre ellas. Tan lejos de las pocas personas en este mundo de las cuales tengo certeza de que me aman y me aguentan así como soy. Claro que no estoy sola. En este hogar que estamos construyendo vive la persona que resolvió amarme y unir su vida a la mía, apenas por amor, sin obligaciones familiares o amistades de años, a pesar de que somos amigos hace años y de que nos sentimos parte de nuestra pequeña familia de dos. Solo que, como él en realidad pertenece a esta ciudad, estoy sola en la sensación de desarraigo que se apoderó de mí hace ya unos meses y que no acepta liberarme.
Claro que todos me advirtieron sobre esto. Claro que sabia que iba a extrañar, y mucho. Claro que venir a vivir a otro país no iba a ser tan simple, aún hablando el idioma. Y encima estando apenas recibida, sin trabajo ni actividades que me permitan no pensar mucho ni reflexionar demasiado... que podría esperar si no esto? Pero lo que yo más quisiera es vivir ese sueño, un tanto ridículo, ya sé, de simplemente disfrutar la vida. Salir a pasear, divertirme, conocer personas nuevas, vivir experiencias nunca antes imaginadas! Sí, todo muy lindo, pero la vida es la vida y no una película, a pesar de que yo gaste todas mis energías en intentar demostrar lo contrario. Sin mi psicóloga a mano y negándome conscientemente a aceptar mis flaquezas estructurales, me propongo salir a la vida, y hacer de ella todo cuanto soñé que sería! O por lo menos intentar...

17 de maio de 2009

Chuva.


Já passaram oito meses desde o meu aniversário. Quer dizer que em quatro meses vou fazer 31. Como é que pode isso ser verdade?!

Lá fora está chovendo e ainda é cedo de manhã. Tem muitos pássaros cantando, e os gatinhos que moram aqui do lado se esconderam onde conseguiram. A árvore que vejo desde a sacada ainda está verde e cada vez mais linda, embora estejamos em outono. Estou aguardando a chuva passar para sair caminhar nessas ruas que ainda me são relativamente novas, mas que já consigo sentir um pouco minhas. Mas o que é que tem lá fora? Tantas pessoas na rua e nem um rosto conhecido. Tantas conversas acontecendo ao mesmo tempo e eu sem conseguir compreender nenhuma delas por estarem superpostas. Tantos lugares por onde já andei e que mesmo assim me surpreendem como uma novidade cotidiana, deixando-me a mercê desta cidade, como se ela soubesse se virar melhor do que eu neste mundo bizarro. Como é que eu vim parar aqui? Quer dizer... eu bem sei como foi que eu vim para Porto Alegre. Acho que sei também as razões que me trouxeram aqui. Os desejos e os sonhos. E o amor.

Mas mesmo assim as vezes acordo e penso que me encontro longe da minha cidade, das pessoas que conheço, da língua que me é mais natural, dos costumes que não me incomodam ao ponto de nem precisar refletir sobre eles. Tão longe das poucas pessoas neste mundo que tenho certeza que me amam e me agüentam assim como eu sou. Claro que não estou sozinha. Neste lar que estamos construindo mora a pessoa que resolveu me amar e unir sua vida à minha, apenas por amor, sem obrigações familiares ou amizades de anos, embora sejamos amigos faz anos e nos sintamos parte da nossa pequena família de dois. Só que, sendo que ele pertence mesmo a esta cidade, estou sim sozinha na sensação de desarraigamento que me pegou já faz uns meses e que não consente me libertar.

Claro que todos me advertiram sobre isto. Claro que sabia que ia ter saudade, e muita. Claro que vir morar num outro país não ia ser tão simples assim, mesmo falando a língua. E ainda por cima estando apenas formada, sem trabalho nem atividades que me permitam não pensar muito nem refletir demais... o que é que eu podia esperar senão isto? Mas o que eu mais queria era viver esse sonho, um tanto ridículo, eu sei, de simplesmente curtir a vida. Sair passear, me divertir, conhecer pessoas novas, viver experiências antes jamais imaginadas por mim! Sim, todo muito bonito, mas a vida é a vida e não um filme, embora eu gaste todas as minhas energias em tentar demonstrar o contrário. Sem a minha psicóloga por perto e me negando conscientemente a aceitar as minhas fraquezas estruturais, proponho-me sair à vida, e fazer dela todo quanto eu já sonhei que seria! Ou ao menos tentar...